¿Es Tabarnia viable? Un análisis jurídico-político e histórico.

En el siglo XI, 1088, Gilles D´Antoine, en sus Pruritum Magnum Reliquae, glosó brevemente un texto anterior, se cree que de origen visigodo, en el que se ponderaba la existencia de una zona indeterminada en lo que ahora sería parte de Tarragona y Barcelona. De ella elogiaba su excelente clima y comodidad para vivir, y a la que los habitantes de la zona llamaban Tabieranum o Tabernaculum, parece ser que por la muy visible existencia de un promontorio artificial muy antiguo, celta, probablemente edificado con fines religiosos.

Inesperadamente, esta historia que parecía perdida en la noche de los tiempos, ha resurgido tras las elecciones del 21-D y hay un movimiento que, consciente o inconscientemente, pretende recuperar la esencia de esa Tabieranum medieval para el siglo XXI: Tabarnia. Porque la dignidad de Tabarnia y su cultura ha sido arrollada por la mucho más basta y pedestre de Tractorluña, como se denomina despectivamente en Tabarnia al resto de las provincias de la comunidad de que forman ambas parte (por su tendencia a invadir sitios con tractores). El lenguaje es completamente distinto, y en modo alguno puede considerase un dialecto del catalán sino una lengua propia. Hay palabras totalmente distintas (por ejemplo, en Tractorluña se usa la palabra “vaixell” y en tabarnés se dice “barcu”). Su arte y cultura es muy diferente: Tabarnia tiene una cultura dinámica e innovadora (piénsese en el modernismo) mientras que en Tractorluña como mucho hay unas cuantas iglesias románicas, fase desde la que su cultura no ha evolucionado. El tractorlúñico siempre ha despreciado a la capital de Tabarnia, Barcelona, a la que despectivamente denominan “Can Fanga”. La obra épica “Crónicas de Tabnarnia” relata la conquista por una tribu de “tcharnegos” (una de la tribus constituyente de Tabarnia) de la zona donde hoy se sitúa el aeropuerto del Prat.

El movimiento Orgullo Tabarnés pretende dividir Cataluña en dos mitades: la mítica Tabieranum, ahora Tabarnia, y la Cataluña interior. Todo ello puede no ser fácil de entender desde una perspectiva ortodoxa y plantea enormes desafíos para su implantación práctica: pero una vez que la sociedad catalana ha demostrado con claridad en las últimas elecciones (incluidas las ilegales) que no se arredra ante ese tipo de obstáculos creemos que tiene el tipo de ciudadanía adecuado para realizar un experimento como éste sin generar grandes destrozos, básicamente porque la mayoría ya se han producido.  Nos referimos a cuestiones tales como la fractura social y emocional entre catalanes, la fuga de empresas, los debates de TV3 o las campañas de lazos amarillos y las contracampañas de limpieza de lazos amarillos y los insultos recíprocos.

Se trata por tanto de reconocer una realidad, como demuestra que el hashtag Tabarnia es ya es un “trending topic”  mundial. Pero todo hay que decirlo, todavía falta el necesario rigor técnico y jurídico que, modestamente, pensamos que puede aportar Hay Derecho. La idea es sencilla: si la sociedad catalana está dividida en dos partes más o menos iguales, una independentista y otra unionista de origen bajo medieval hay que proceder también a dividir su territorio atendiendo a los resultados electorales y al principio democrático.  El fundamento jurídico sería la aprobación de una ley de claridad a la canadiense, por la que este blog ha apostado desde hace muchos años. Jurídicamente la fórmula para llevar a cabo la secesión de una parte del territorio que a su vez se quiere secesionar se explica en este post de Fernando Rodriguez Prieto.

No es desconocida esta forma de proceder, si recordamos el modo en el que Carlomagno apeló a la claridad en sus relaciones con el Papa de la época, el célebre y astuto Oriol V, en su disputa territorial en la zona francófona de Baden del Sur.

En cuanto a la división territorial, la mejor manera de hacerlo sería reunir a un grupo de expertos independientes (sugerimos que liderado por un politólogo de prestigio y que maneje bien los datos como Kiko Llaneras) para proceder con cuidado a esta división teniendo en cuenta las preferencias de la mayoría de los residentes en cada territorio de conformidad con los criterios establecidos por la ley de claridad. No va a ser una tarea fácil, y serán necesarios al tiempo el rigor y la imaginación. Por ejemplo, para buscar encaje a la otra región no independentista, el Valle de Arán. Algunos proponen una comunidad autónoma propia, y otros una única, Tabarnarania, cuyas dos mitades podrían unirse  con una prolongación del tunel de Viella para evitar los peajes que ya han anunciado fuentes fiables desde Bruselas.

De esta forma,  lo que se propone es que la parte de la Cataluña interior que vota mayoritariamente al independentismo se constituya en la República Democrática Catalana (RDC) , probablemente con capital en Girona aunque quizás también pudiera ser Berga. Además, el Presidente podría seguir siendo el sr Puigdemont, puesto que al tratarse de un Estado independiente (y fuera de la Unión Europea) ya no regiría ni el Código Penal español, ni los Tratados fundacionales de la UE ni ningún ordenamiento jurídico conocido. por lo que nadie podría detenerle cuando vuelva de Bruselas, lo que solucionaría bastantes problemas prácticos. El Ejecutivo nombraría directamente a los Jueces de la nueva República, por lo que en todo caso quedaría garantizaría la impunidad de cualquier político independentista, respetando así el principio democrático  y fundacional de la nueva República de que no puede haber presos políticos o políticos presos, que a estos efectos es lo mismo. La bandera sería la estelada, por supuesto, y el himno una versión actualizada de Els Segadors compuesta por Luis Llach.

En cuanto a los problemas económicos y fiscales,  creemos que la nueva República podría solventarlos fácilmente a) nacionalizando las empresas que queden en su territorio o/y b)  convirtiéndose en un paraíso fiscal que podría competir con ventaja con Andorra -que como saben muchos, ya no es lo que era-. Esto último tendría la ventaja de facilitarle la vida a sus altos cargos y políticos, ahorrando el enojoso trasiego de maletines con dinero en efectivo a través de los Pirineos. Por supuesto tampoco se aplicaría la normativa en materia de blanqueo de capitales. En cuanto a la nacionalidad sólo se concedería a los catalanes cuya lengua materna fuera el catalán y que ostentasen al menos ocho apellidos catalanes, aunque se podría dispensar de este requisito y conceder la nacionalización por carta de naturaleza a personajes ilustres que hubieran demostrado su voluntad inequívoca de pertenecer al poble, como Julián Assange, Gabriel Rufián o Bea Talegón. El resto -si es que existe- serían desplazados a la nueva Comunidad Autónoma colindante de Tabarnia o internados en reservas o en campos de reeducación atendiendo a la gravedad del caso. La lengua oficial sería el catalán y estaría estrictamente prohibido hablar en castellano, aunque podrían utilizarse otras lenguas españolas o europeas de otros pobles oprimidos, como el vasco, el corso o el flamenco. TV3 sería la única televisión permitida.

El otro territorio, complementario de la nueva RDC, sería la nueva Comunidad Autónoma de Tabarnia. La capital, lógicamente, estaría en Barcelona, lugar donde se cree que estaba el tabernáculo celta que comentábamos antes, si bien podría buscarse también alguna fórmula de compartirla con la RDC, copiando casos de éxito como los de Berlín en la época de la guerra fría o ahora Jerusalén . Con una solución de este tipo es idóneo el perfil de la alcaldesa Ada Colau.  En esta nueva Comunidad Autónoma el único requisito de ciudadanía sería el de no ser independentista (acreditándose esta circunstancia de diversas maneras como por ejemplo no haber votado en los reférendums por la independencia, pertenecer a SCC, apellidarse Pérez o García, votar a C,s, ser del Real Madrid, etc, etc). La presidenta sería Inés Arrimadas sin necesidad de celebrar nuevas elecciones. La  lenguas cooficiales serían el castellano, el catalán y el inglés, la bandera oficial sería la senyera y el himno oficial se lo encargarían a Joan Manuel Serrat. En este territorio se aplicaría  la Constitución, el Estatuto y el resto del ordenamiento jurídico español y por supuesto la normativa europea, aparte de las Glosas Medievales del Pere Barrufet, en honor a su origen histórico.

Eso sí, para que esta solución sea factible no hay más remedio que proceder a una reforma constitucional que desde Hay Derecho llevamos defendiendo muchos años. Y además habría que aprovechar la oportunidad de introducir algunas reformas regeneracionistas que no son fáciles de implantar en CCAA preexistentes por la existencia de numerosos intereses creados y por el clientelismo que caracteriza a nuestra clase política. Nos referimos a cuestiones tales como la supresión de los aforamientos, la elección del Presidente del TSJ de Cataluña de Tabarnia por sorteo entre los jueces de carrera interesados, la selección del Presidente de la TV4 (la nueva tele autonómica de Tabarnia) por concurso internacional y la drástica reducción del sector público regional. Muchas de estas reformas podrían llevarse a cabo mediante la aprobación del nuevo Estatuto de autonomía de Tabarnia, que además pondría de relieve la lealtad y el españolismo de esta nueva Comunidad Autónoma. Tabarnia sería, para entendernos, más española que Murcia, lo que sin duda reajustaría notablemente el mapa territorial en España. El Estatuto blindaría las competencias estatales en educación y rechazaría tajantemente la mera idea de un concierto económico y una Agencia Tributaria propia. Una vez aprobado volvería la seguridad jurídica y con ella las empresas y los turistas (que al fin y al cabo van sobre todo a Barcelona y a la playa).

Somos conscientes de que los problemas de transitoriedad y de sucesión no serían fáciles; algunos, de hecho, pueden plantear más fricciones que las suscitadas en ciertos precedentes internacionales, como los de India y Pakistán o la antigua Yugoeslavia.  Pensemos en algunas cuestiones como el reparto de los jugadores del Barça entre los dos territorios, que pueden resultar especialmente sensibles. No nos olvidemos tampoco de las segundas residencias en la playa de los nacionales de la RDC, ni de Montserrat, la imagen de la Moreneta o el monumento a Rafael Casanova. Habría que organizar otra Comisión de expertos, preferentemente conformada por profesionales independientes. Pero hay que ser claros: no se trata de satisfacer las exigencias de la razón, sino de atender a los sentimientos, que son más importantes. Al final no cabe duda de que la gente estaría más contenta al compartir el espacio público y privado exclusivamente con los que piensan exactamente igual que ellos sobre la identidad nacional. Ya nadie los llamaría fachas o paletos y las comidas y cenas familiares volverían a ser un remanso de paz más allá de los típicos altercados entre cuñados. Y nos ahorraríamos los esfuerzos y sinsabores necesarios para intentar alcanzar un compromiso que valiese para todos, sobre todo si tenemos en cuenta que ese tipo de acuerdos no son posibles sin que todo el mundo renuncie a algo y está claro que eso en España -y en Cataluña y en Tabarnia- no se nos da demasiado bien. Visto lo visto, mejor cortar por lo sano, nunca mejor dicho.

Conviene insistir en que desde el punto de vista constitucional esta solución responde básicamente al principio democrático que subyace a nuestra Constitución y parte del precedente sentado por democracias tan avanzadas como la canadiense.. Tendría además la virtualidad de permitir que la nueva RDC innovase en materia de democracia/Estado de Derecho y gobernanza (desde aquí sugerimos que los deseos del President se conviertan automáticamente en Decreto-ley, se ahorrarían un dinero en sueldos de letrados del Parlament y en dietas de órganos consultivos a los que no piensan hacer ni pito caso) y de Poder Judicial (sugerimos que se nombre Jueces a los mismos diputados y a correr dado que de todas formas en la RDC no va a hacer falta saber mucho Derecho). En paralelo, la CA de Tabarnia podría experimentar con reformas institucionales de calado al no tener que vencer la oposición de la clase política y de la clerecía local dado que se habrán mudado a la RDC.  En definitiva, podríamos experimentar en vivo y en directo como se llega más rápido a ser la Dinamarca del Sur, si con las recetas de la RDC o las de Tabarnia, en plan Nogales de arriba y Nogales de abajo (para los lectores de Acemoglou y Robinson) o Corea del Norte y Corea del Sur para el común de los mortales. Y conste que Hay Derecho no realiza “a priori” identificaciones de los nuevos territorios con uno u otro ejemplo; será la evidencia empírica la que demuestre cual es la vía correcta para colocar a las entidades sucesoras de la antigua Cataluña entre las más avanzadas del planeta.  Y si sale mal hay que pensar que no hay mal que por bien no venga: la contribución a la ciencia política y jurídica que haría la ex Cataluña sería impagable.

Y lo mejor de todo es que Mariano Rajoy no tendría que hacer nada de nada.

https://hayderecho.com/2017/12/28/la-recuperacion-de-la-tabarnium-medieval-como-salida-al-conflicto-en-cataluna/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s